domingo, 23 de marzo de 2008

Crónica LOS VIEJOS DIOSES

El Comercio, 22-03-08

Génesis de los indígenas amazónicos

Mientras el mundo se sobrecoge por el sufrimiento del Hijo de Dios en la cruz, hay otros universos y recuerdos que perduran en la mente de los nuevos cristianos de nuestra selva.

Por Javier Medina Dávila.
Una investigación desarrollada por la Asociación Interétnica Para el Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep) recoge los testimonios de viejos apus y maestros bilingües que conservan en su memoria las explicaciones de sus propios génesis.
En la edición, denominada "Ojo verde", los investigadores Carlos Dávila Herrera y Pablo Macera Dall'Orso advirtieron que exponer de ese modo dichas explicaciones de la creación del mundo "quizás alteren el núcleo de sus conocimientos", pero admiten que quizá esa fue la última oportunidad que tuvieron estas naciones amazónicas para aclarar sus formas de ver el mundo.
Sin embargo, ellos consideraron pertinente que se realice otro estudio que valore los efectos de las misiones porque es necesario conocer el pasivo cultural de las agencias religiosas.
LOS VIEJOS DIOSESLas revelaciones hechas por los indígenas exponen dioses, diablos, ángeles, concepciones y hasta purgatorios para ascender a sus paraísos.
Entre los asháninkas, el dios Sol existió antes que la Tierra, la cual se formó tras desprenderse de la corona de este como una partícula. Este mundo es sostenido por dos ejes; uno sostenido por él mismo para mantener la tranquilidad y el otro por donde se hunde el Sol, entre los cerros Omoro y Otsiriko.
Para los shipibos el mundo solo estaba formado por el cielo y la Tierra y las relaciones entre el hombre y la naturaleza eran muy fáciles. Un día, los mellizos Kesten y Kesin lanzaron flechas al cielo y formaron una escalera, pero algunos desobedecieron las reglas y Bari Papa (el padre Sol) los castigó alejando el cielo y dividiendo la Tierra en cuatro espacios. Uno es el de las aguas (Jene Nete), dominado por el poderoso Roni (la boa). Otro es en el que habitan los hombres (Non Nete). En el tercero viven los espíritus malos (Panshin Nete o mundo amarillo) y en el último están el Sol y la Luna (Jakon Nete o espacio maravilloso), espacio al que solo llegan las almas seleccionadas con mediación del meraya, un chamán de grado superior.
Los uitotos consideran que primero existió solo el agua y Jusiñami, dios Sol, hijo de la nada, que se sostenía en el aire. Escupió al agua para formar la Tierra de una burbuja. Para endurecerla creó el fuego. Tienen dioses y diablos que castigan a quienes maltratan el bosque. Las almas de los brujos se quedan entre las bestias porque sus poderes provienen de animales.
El mundo bora es la representación del creador Niimúhe. Al principio solo existía agua habitada por malos espíritus. El creador, para mostrar su poder, hizo a la Tierra, las plantas y los animales. Con el tallo, hojas de tabaco y con la masa de yuca formó al primer hombre, Tííne Ánuméí Niinúhe. Cuando este hizo su chacra pidió una mujer y el creador le indicó cómo tenerla.
Los bora creen en el mundo del Hacha, donde están las herramientas para el trabajo. También en el de la Garza, Ihchúbá, espíritu de la belleza del creador donde no ha llegado nadie, pero su visita limpia de enfermedades a los bora. Por último, buscan una Tierra santa que nunca oscurece, a la que llegan los espíritus bondadosos.
Entre los awajun (aguarunas), Etsa (el Sol) creó el mundo. Al inicio todos eran personas, pero el dios transformó a los guerreros en huanganas y en aves como el tucán, paujil, trompetero y el gallito de las rocas.
Los chayahuitas creían que el mundo es ovalado como el panal de las avispas y que está cubierto por una copa azulada, dentro de la cual se mueven la Luna, el Sol y las estrellas. La Tierra está envuelta en agua sujetada por el cielo. El Kunpananá, uno de los dos seres poderosos que llegó del aire, formó la tierra, los ríos y creó los peces con el aserrín de los cedros.
En cambio, entre los candoshi, al principio todo era oscuro y no había agua, hasta que Zari (el Sol) bajó por una escalera puesta por Supsi (la Luna) y cambió todo en el mundo.
Entre los cocama-cocamilla el mundo empieza al nacer Kémarin, el primer hombre, hijo de una gran mujer boa y de Kémarin, el dios Kokama, una paloma que se convirtió en ángel.
También hay testimonios sobre el universo desde la cosmovisión de los wampis, nomatsiguenga, shiwilu, kichwa del Pastaza, tikunas y achuar.
¿Y cómo es que con toda esa variedad mítica-existencial de la selva terminó calando la palabra de Jesús de Nazaret? Dávila y Macera aventuran una respuesta: "El Perú es un país donde la gran mayoría de su población experimenta una ansiedad de salvación que, por ser sobre todo económica y social, termina como una salvación religiosa".
Enviado por Wilbert Tapia: filoswil@hotmail.com