martes, 2 de enero de 2007

Transmisión del Conocimiento a través de Relatos

La relación del hombre y los elementos que conforman la naturaleza es muy estrecha en la religión mapuche. Elementos como el agua, los cerros, el sol y los Newen de los distintos espacios del Naüq Mapu, juegan un rol preponderante en el modo en que se vivencia la realidad. Esto puede verse claramente reflejado en los relatos mapuche que hacen referencia a una catástrofe natural sufrida por su pueblo hace muchos años atrás y al subsecuente repoblamiento del territorio.

Kay Kay y Xeg Xeg: Relatos

“Allá en el mar, en lo más profundo vivía una gran culebra que se llamaba Kay Kay. Las aguas obedecían las órdenes del culebrón y un día comenzaron a cubrir la tierra. Había otra culebra tan poderosa como la anterior que vivía en la cumbre de los cerros. El xeg
Xeg aconsejó a los mapuches que se subieran a un cerro cuando comenzaron a subir las aguas. Muchos mapuche no lograron subir al cerro y murieron transformándose en peces. El agua subía y subía, y el cerro flotaba y también subía; los mapuches se ponían los cantaritos sobre la cabezas para protegerse de la lluvia y el sol, y decían: Kay, Kay, Kay; Y respondían: Xeg, Xeg, Xeg. Hicieron sacrificios y se calmó el agua y los que se salvaron bajaron del cerro y poblaron la tierra. Así nacieron los mapuches”.

La trasmisión de este relato en la cultura mapuche se realiza en forma oral no dejándose nada a la improvisación, ya que era una actividad reglamentada. Esta transmisión se realiza de generación en generación en los distintos Fütal Mapu del Naüq Mapu y no es considerado como un mito o una leyenda, sino como algo real y en directa relación con la conformación de las distintas identidades territoriales que conforman al pueblo mapuche. Cabe mencionar, sin embargo, que para el Gijañmawün (religión mapuche) no existe la dualidad del bien frente al mal entendida en el sentido judeo cristiano occidental, ya que las fuerzas espirituales que habitan el Naüq Mapu poseen distintas dimensiones. Un ejemplo de esto ultimo es que si bien en estos relatos Kay Kay es responsable del desastre descrito, en contextos y temporadas de sequía se le ruega para que envié agua.

A continuación se presentan cuatro relatos de la historia de Xeg Xeg y Kai Kai provenientes de distintos puntos del territorio. El primero proviene del valle central, el segundo de la región del Toltén a lo largo de la costa, el tercero del sector de Malleco, y el cuarto del sector de Imperial.

Variación del Relato de Kay Kay y Xeg Xeg

1er relato.

“Xeg Xeg es una gran montaña de una cordillera que recorre desde Galvarino a Temuco. Kay Kay era un enorme serpiente con tres brazos que eran árboles y con una cola enraizada al suelo. En las alturas de Xeg Xeg hay una laguna que era la casa de Kay Kay. Y Kay Kay, tenia la cabeza de un enorme buey. Cuando dormía tenía los ojos abiertos, y cuando los cerraba, estaba despierto. La gente venia de vez en cuando a apalear la cola de Kay Kay. Esto despertaba a Kay Kay lo que hacia que cerrara los ojos. Kay Kay era el jefe de todos los animales. Entonces hubo un día en que la gente molesto demasiado a Kay Kay, y Kay Kay condujo fuera a todos los animales. Kay Kay los condujo al aire. No es que partieran volando, sólo se fueron caminando por el aire. Nadie sabe dónde se fueron pero son los espíritus protectores de todos los animales vivos.”

2do relato.

” Xeg Xeg era un cerro como también era un espíritu benéfico que ayudaba a la gente. Kay Kay era un ave marina, un espíritu maléfico que se divertía haciendo daño a la gente.

Así salvó Xeg Xeg a los mapuche y venció al mal.

Un día, Kay Kay decidió aniquilar a todos los mapuche e hizo que el mar subiera hasta que toda la tierra se inundara. Mucha gente se las arregla para trepar al Xeg Xeg con sus animales, y los animales selváticos los siguieron. Cuando Kay Kay dijo “kay, kay, kay, kay” subió el mar hasta cerca de la cumbre del Xeg Xeg amenazando así tanto a la gente como a los animales. Al ver lo que pasaba, Xeg Xeg se alzó todavía más. Esto continuo hasta que Xeg Xeg llegó a su altura actual y toda el agua del mar se consumió. Kay Kay estaba vencido. Así que toda la gente que había trepado al Xeg Xeg estaba a salvo. Esto demuestra lo poderoso que era Xeg Xeg. Conquisto a Kay Kay y salvó a la gente.”

3er relato.

“Debe haber sido hace muchos años; ellos tenían más de cien años cuando fallecieron y yo tengo más de setenta. Pero era lo que me conversaban mis abuelos. Hubo una gran agua, el mar se salía, se desbordaban los ríos y se llenaron todos los campos. Ellos se salvaron porque se subían a los cerros. Y hacían cantaritos que se ponían en la cabeza porque la lluvia era muy fuerte. Y aquí llovió más de tres meses sin parar. Y murieron los animales, los chanchos y las gallinas. Y las casas fueron llevadas por el agua. Entonces ellos arriba del cerro hicieron un Nguillatún para poder calmar el agua, y seguramente nuestro Señor los escuchó porque se calmaron las aguas. Todos los mapuche se subieron a un cerro que queda al otro lado del Bio-Bio y de allí después se esparcieron por la tierra y la poblaron”

4to relato.

“Nos encontrábamos en camino hacia el norte. Después de lo bello sigue lo triste. Nuestros antepasados eran esos caminantes. Y aquello sucedió en aquella época en el que el gran Toki hizo acompañar a su hermana a los guerreros, para conocer la región fría de los lagos, de los volcanes. Lindo había estado el verano. Bastante calor había dado el sol y el producto de la caza era más que suficiente. Ahora venía el regreso que no era peligroso, ya que debía ser en dirección al sol, dejando atrás las nieves y el frío. Precisamente, cuando los mapuche se preparaban para partir de vuelta, al pie del gran volcán, acondicionando las pieles y los cueros ricamente trabajados, como el valioso metal y las piedras brillantes sobre las andas –la hermana del toki había partido ya en su anda con medio día de ventaja, con parte de las riquezas reunidas-, se produjo un terremoto tan fuerte que los cerros cambiaron sus cimas, se abrieron grandes grietas y boquerones que expulsaban vapores y que se tragaron una gran parte del grupo. Otros sucumbieron a causa del fuego que expulsaba el Pillan, el cual estuvo tronando muchos días y noches, lanzando flechas encandescentes, por lo que sobrevivió solamente el que pudo huir a tiempo. Y esos fueron muy pocos. Como llovía en forma incesante, se fue acumulando mucho agua en las llanuras, ahogándose muchos mapuche. Fue una catástrofe terrible. Cuando al fin se pusieron en movimiento los sobrevivientes con la princesa y con los hombres que la habían acompañado, encontraron destruidos los caminos de aquellas zonas por las que siempre habían transitado, por lo que pudieron avanzar a costa de grandes sacrificios. Pero de repente terminaba el camino. Todo se había encontrado cubierto por pasto y había sido terreno duro y rocoso. Pero ahora se extendía ante ellos solamente un mar sin limites. Como un puente colgante se despeña dentro de las quebradas o dentro de las aguas correntosas, así había desaparecido el camino en forma total, y solamente se encontraba un mar de olas bravas, donde antes se había extendido la tierra verdagueante con su camino seguro. Separados estaban ellos de su patria, los extranjeros que deseaban regresar a sus hogares, y que ya no podían regresar. Pero todos los años regresaban al Fucha Bafkeh, buscando el camino perdido a orillas del mar que se había agrandado, gritando apenadamente Chazi Chazi (Sal, sal), porque el agua era demasiado salada para beberla. Pero el camino desaparecido jamás volvió a aflorar”.

La primera reina que reinó en el Bajo Imperial, como fue nombrada esa región posteriormente, la que reunía los pueblos, cuando estaban discordes entre sí, descendía de aquella mujer (hermana del toki), de la cual descienden también los demás tokis y logko que supieron hacer grande y respetada la nación. Porque de los pocos extranjeros que fueron mandados por su gobernante a este país, surgió la nación de los hombres cobrizos o de piel oscura, como somos aún hoy, nosotros, los mapuche, lo que nos hace ser los verdaderos propietarios de estas tierras. Una valerosa mujer fue la madre de nuestra estirpe, y de ella debemos haber heredado la nostalgia de la patria lejana que todos los mapuches llevamos dentro del corazón, sin poderla expresar con palabras, lo que influye en la manera de ser del mapuche, que no puede estar alegre si no encuentra un medio para producir su alegría artificialmente”

Así como estos relatos podemos hallar numerosas otras narraciones en la costa, en los valles y en las montañas, en los cuales, si bien puede encontrarse variaciones locales (referidas principalmente al origen y constitución de cada identidad territorial), se observa que la temática central sigue siendo la misma, lo que da cuenta de la unidad cultural del pueblo mapuche. Del mismo, modo los cuatro relatos evidencian un íntimo parentesco entre los mapuche, los elementos de la naturaleza y los fenómenos naturales. La organización mapuche tradicional se funda observando principalmente la naturaleza en el cual la función del che (persona) no es la de gobernar sino más bien la de conducir su medio ambiente. Desde el conocimiento mapuche o Kimün, el mapuche trabaja con y por el mundo, con y por el hombre, con y por el tiempo, con y por la vida y en ningún caso en contra de ella. Actualmente se han ido cometiendo a los espacios y los Newen transgresiones cada vez mas graves, por ejemplo la tala de bosques, lo cual ha traído consigo inmediatamente numerosas enfermedades entre la población.

Transmisión del Conocimiento

Como se observa en las narraciones presentadas, la tradición oral tiene un rol trascendental en la transmisión cultural del pueblo mapuche. A través de esta se ha perpetuado hasta nuestros días la memoria histórica de su sociedad. Desde que el niño comienza a desarrollar sus capacidades de aprendizaje, la familia mapuche se preocupara de estimularle para que internalice el Kimün pertinente al tipo de familia de la cual provenga, así como la función que le corresponda llevar adelante como che. A través de la tradición oral el mapuche desde pequeño toma conciencia y conocimiento no sólo de su lengua y cultura, sino que también del entorno que le rodea, del cosmos y de los grandes acontecimientos que se suscitan en la vida tanto de las personas como de la naturaleza.

Dentro de la transmisión oral mapuche, juega un rol importante la figura del Wewpife. Conocedor del Kimün, de la religión Mapuche y con un amplio dominio sobre la historicidad propia del espacio donde vive (en el ámbito de Lof, Rewe y Ajarewe) es el encargado de transmitir oralmente la tradición cultural mapuche. A través del Weupin (discurso) evoca por medio de su memoria histórica elementos constitutivos del ser mapuche, así como también por medio del Güxantun da cuenta de relatos de tipo históricos.

Testigo de la importancia de la transmisión oral en el mantenimiento de la memoria cultural e histórica de los mapuche, fueron muchos cronistas españoles que en sus trabajos reflejaron esta capacidad. Del mismo modo también fueron testigos de esto sacerdotes y frailes que vivieron entre ellos. A continuación se presenta los escritos de un fraile franciscano, Antonio Sors, que pasó más de cuarenta años entre los mapuche:

“Aunque los indios no saben leer ni escribir, ni tienen ciudades ni villas, no obstante no carecen de las noticias y guerras que han tenido, saben los más leves hechos que acaecieron en la antigüedad; porque en cada Ayarewe tienen un indio o dos de particular memoria que como historiador les refiere todo cuanto ha pasado. Suelen tener sus días en los cuales hacen un gran circulo de indios y en medio se pone el historiador, el cual en prosa y verso les va refiriendo la más mínima noticia desde la creación del mundo; pero particularmente desde que los españoles entraron a sus tierras, puntualmente les refiere todas las guerras, todos los trabajos que pasaron sus antepasados, cómo le quitaron las tierras... si el suceso es alegre con palabras alegres, y si es funesto, con un tono muy lastimoso y fúnebre, y entonces lloran, se agarran el pelo y hacen otros ademanes en señal de sentimientos que vienen de los trabajos que pasaron sus antepasados. Este historiador enseña a otro y así van conservando las noticias” (Fraile franciscano Antonio Sors, en “Historia del Reino de Chile”)